La música que sonaba en los guateques de nuestros padres, la bso de una peli de los sesenta, el lsd y demás alucinógenos...se podrá decir lo que se quiera, se podrá tildar de pasada de moda, incluso de kitsch si se atiende a ciertos cánones, pero a mí me da igual: me encanta este disco y, aparte de que encuentro cierto mérito a hacer música de este tipo, que podría haberse puesto de moda y convertirse en un hit hace más de cuarenta años y que prácticamente carece de cualquier influencia contemporánea, tampoco es sencillo facturar cuarenta minutos de buenas canciones sin excepción, con joyas como “A sound for two”, “Enjoy a paranoia” o “The Ecstasy once told”, parte de un conjunto del que, una vez disfrutado, resulta más que difícil desengancharse.
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